Desde muy pequeñe crecí en un ambiente donde siempre había música, vivíamos mis padres y mi hermano junto con mi abuela Olga. Esta presencia femenina muy poderosa en la casa tenía sus reglas, y una de ellas era que esté siempre la radio prendida con alguna melodía sonando: cumbias, tangos, milongas, chamamé y música latinoamericana educaron mis oídos desde mis primeros años.

De mi abuela heredé la pasión por la música y las recetas más suculentas del barrio General Obligado.

En mi juventud, a partir de los 15, y ya con acceso a internet, mi búsqueda hacia nuevos horizontes musicales y en este transitar me topé con voces, voces femeninas latinoamericanas, voces que calaron muy fuerte en mi emotividad, sentía que las historias de amores, de su tierra, de sus luchas, eran también mis luchas, mi tierra, mis amores. De joven me identifiqué con estas artistas mujeres, las voces tanto de nuestra Mercedes Sosa, como de la mexicana Chavela Vargas me atravesaron como un rayo en mi ser, y ahí se quedaron para siempre. Luego me inspiraron también en gran parte la chilena Violeta Parra, Chabuca Granda y Susana Baca de Perú. O las brasileras Eliz Regina y Elsa Soares, por nombrar algunas, por la lista es larga y siempre van apareciendo nuevas voces, algunas tan sedosas, tan suaves y hermosas. Y otras voces más rasgadas, terrenales, casi como gritadas, todas tan diversas pero a la vez tan profundas fueron un caudal de inspiración para todo lo que seguiría en mi camino.

 

 

A los 18 comencé a practicar danzas folclóricas, ahí descubrí, que la danza, el movimiento, la capacidad de expresarse a través del lenguaje corporal era algo que también me resultaba muy ha gusto, ‘hallado’’ como decimos los litoraleños, veía en este lenguaje artístico la capacidad de utilizarlo como canal para construir o decir cosas y compartirlas. 

 

Estudie 3 años la Lic. En Artes Combinadas de la UNNE, que, por cuestiones de una necesidad económica, tuve que dedicarme al trabajo para poder ayudar en los ingresos de la casa. Pero por más de haber dejado la carrera, nunca dejé de estar en contacto con el arte, fui a talleres de teatro, danza butoh, videodanza, siempre que invitaban para participar en alguna perfomance o intervención colectiva me sumaba, también me fui parte de compañías de Danzateatro de aquí de Resistencia.

 

Y también algo que conocí y que me dio un giro de 180 mi percepción acerca de la danza y el movimiento, fue el encuentro con el Candombe, un ritmo afro de las zonas del Río de la Plata y también del Paraná. Este encuentro con la esencia sonora del tambor, el tiempo, la vibración que emanaba la lonja templada atravesaba el centro de mi pecho como un flechazo y hacía que todo mi interior resonara y comienza a activarse solo el movimiento, que nacía desde lo más ínfimo de nuestro interior y se exterioriza, se hace movimiento en todo el cuerpo, y en esa danza se genera una sincronía, una comunión ínfima, música y danza en el encuentro primigenio, puro.

Yo no puedo explicar la sensación que me da escuchar un candombe, pero gracias a esta experiencia, yo pude pisar fuerte la tierra, pararme erguide y frente a el otro, siendo segure de mi misme, como una identidad cuir. El candombe permitió que yo pudiera hurgar en lo más oscuro de mí, para poder encontrar y sacar a la luz, mi verdadero ser, mi verdadera forma de sentir y de relacionarme conmigo misme y con les otres, con el afuera, el entorno.

 A partir de 2018 comencé a adentrarme en el arte drag, la verdad que había quedade fascinade por ver todas esas mostras, esas entidades escénicas, reinas en su diversidad inmensa, algunas refinadas, otras grotescas, todas muy seguras de si mismas, creaturas extrañas pero encantadoras. Todo este universo de múltiples formas, colores y mucho glitter me pareció tan maravilloso, que decidí adentrarme en él.

Y así fue como nació Chavela La Fuegah en junio de 2019, en una perfomance que hice, para celebrar y conmemorar los 50 años de Stonewall, en un evento muy hermoso que se hizo por y para la comunidad, el último domingo de junio, en El Patio Cultural, espacio de la Biblioteca Mariño en Corrientes Capital. Allí le toco a Chavela cerrar una noche muy emotiva, donde cantó unas coplas de Susy Shock, leyó fragmentos de la revista SOMOS, del Frente de Liberación Homosexual, que fue el primer grupo que lucho por los derechos de nuestra comunidad y contra la homofobia, en la Argentina de los años 70’. Y cerré la intervención con un show de doblaje, interpretando un himno internacional de las marikas, ‘’I will survive’’ de Gloria Gaynnor. Sinceramente, ese momento fue uno de los más hermosos que tocó vivir, termine a los abrazos y las lágrimas de emoción entre los aplausos de todas les presentes. Y de ahí Chavela no paró, luego se unió a La Cuis, un grupe de chiques que trabajan en diferentes tipos de acciones de lucha y visibilidad de la comunidad a nivel Gran Resistencia.

 

Y así fue como nació Chavela La Fuegah en junio de 2019, en una perfomance que hice, para celebrar y conmemorar los 50 años de Stonewall, en un evento muy hermoso que se hizo por y para la comunidad, el último domingo de junio, en El Patio Cultural, espacio de la Biblioteca Mariño en Corrientes Capital.

 

El desafío más intenso y hermoso que tuvimos como grupo con les chiques de La Cuis, fue traer el BallRoom a nuestros lares, a nuestra latitud. La Cultura del Ballroom se forja ya desde los años 20 del siglo XX, eran espacios de resistencia, construida por personas queer negras y latinas en New York, donde en estos lugares se forjaban la aceptación y la unión como comunidad. Un lugar seguro para todes les que eran discriminados por su condición de género, identidad o etnia en la sociedad. Esta cultura ‘’under marika’’ fue empoderándose, en los 90 fue reconocido a nivel internacional, por una canción de Madonna llamada Vogue, en el video musical se reflejan justamente esta danza creada por las marikas del ballroom. En la actualidad el ballroom llegó a tomar relevancia para la comunidad lgbtiq+ a nivel mundial, más que nada en las grandes urbes. En Argentina, el ballroom se empezó a conocer quizás hace no más de diez años, y solo acontecían en la Capital Federal, Rosario y Córdoba Capital. Nosotres desde La Cuis nos propusimos hacer el primer ballroom del NEA, y la verdad que fue un proceso intenso, un laburazo grupal, que la verdad la respuesta de nuestras disidencias fue increíble, fue para nuestra muy grata sorpresa, un lugar donde todes les que querían podían mostrar su arte, su pasión, su esencia, tenían la oportunidad, el espacio y la contención para hacerlo. Y simplemente todo fue mágico e increíble. Un evento sin precedentes para nuestra comunidad en la región. Pudimos hacer una segunda edición, y estábamos a punto de armar una tercera, pero bueno por la pandemia no se pudo concretar. Sin dudas alguna, todo este movimiento queer que generamos con La Cuis, ayudaron un montón para forjar lo que es hoy en día Chavela.

 

 

Chavela la saque por Chavela Vargas, mujer que me inspiro profundamente, artista que se plantó en un escenario, una mujer con pantalón y descalza frente a una audiencia y un mundo del arte, aún más machista que en la actualidad. Ella tuvo la fuerza para hacerle frente a esta situación, fue libre y esto hizo que rompiera con el estigma por ser lesbiana y se ganó el amor y la admiración de multitudes, traspasando idiomas, nacionalidades y hasta generación. La Vargas es para mí como mi tótem marika, que me acompaña y me da los cojones para entregarme al arte queer y desafiar los cánones heteronormados. El símbolo del fuego viene de mi amor hacia el candombe, y lo que el fuego significa en este lenguaje artístico, el fuego sirve para reunir a los tamboreros y los que danzan, todos en circulo unides, siendo unx, y en el centro la llama, que con su calor se tensan las lonjas de los tambores para afinar, para avivar el alma que lleva adentro el tambor, avivar también el toque, el alma del músico, y avivar la danza , el alma del bailarín. El fuego encierra energía vital que se expande a cada momento, tiene un misticismo que remontan desde los tiempos donde nacía nuestra humanidad. Y en cada presentación de Chavela hay un poco de eso, de energía que se expande, hay misticismo, hay unión y reunión, ser unx con le otre, hay pasión y hay alma.

 

La búsqueda de Chavela como drag es encontrar el dialogo permanente entre las culturas folclóricas populares de Latinoamérica y las identidades disidentes.

 

El folclore es la memoria de un pueblo, de un territorio que traspasa las fronteras geopolíticas, traspasa las generaciones, las formas de pensar y también las/les identidades.

Hasta no hace muchos años, era bastante difícil visualizar un lugar para las disidencias en relación con el folclore, la disidencia como parte de una identidad latinoamericana. Pero han brotado en este tiempo artistas disidentes que buscan el dialogo entre lo tradicional y lo queer, seres que inspiraron también a esta drag, estos seres hermoses, por nombrar algunes como Susy Shock, Lola Bajhan, Bartolina Xixa (drag folk), Rimago Laguna y Carlos Braile, entre otrxs. Fueron tejiendo estos entramados, donde el arte, la tradición y la disidencia se funden para generar horizontes más abrazadores.

En tiempos de Covid y Pandemia, Chavela tuvo que reformar las formas de creación y las formas de compartir con les otres. Con La Cuis hicieron varios eventos virtuales, vivos en IG y también en Youtube. También fue invitada para participar en la Primera Feria del Libro Digital Chaco 2020, donde compartió escenario virtual junto a Susy Shock. Y actualmente, chavela junto a otras dos marikas más iniciaron un proyecto, donde suben un podcast por semana llamado PUTOÑERI (nos pueden buscas y escuchar en spotify y youtube) donde nos juntamos para hablar y también escuchar a las voces marikas, tortas, travas y todas las disidencias que pertenecen a la periferia, al barrio, a la villa, para construir, visibilizar y forjar nuestra identidad como putos y ñeris. Y con esto también se deja abierta la invitación para les que se sientan oprimides y discriminades por su condición de género, cuerpx o etnia, en PUTOÑERI tiene un lugar y un micrófono para alzar su voz y compartir su historia de lucha y resistencia.

 

Fotografia/Arte: Ivana Jagger ; Leandro Gaona ; Lukas Rolon y Luis Ruvira