Ya es de noche en Corrientes. Afuera, en las calles, en las plazas, la soledad se apodera de todos los rincones, y crece en su silencio como un himno hereje. Afuera, en las calles, las sombras destilan filosofías bastardas. Y aquí, en mi buhardilla, prosigue sin pausa mi vida, al lado del ser que le va dando sentido a mi existencia.

 

Mi nombre es Nicolás, pero no desde hace mucho. O si, pero sólo en mi interior. Mi vida transcurre entre la lectura, la fotografía y mis estudios de inglés. Cuando me queda un hilo de tiempo, milito por los derechos de las personas trans. También soy administrador de la comunidad digital de ATTTA Corrientes.

 

Nicolás despuntando el vicio de fotógrafo
Nicolás despuntando el vicio de fotógrafo

 

Algunas noches, cuando me ataca la melancolía, suelo escribir algunas líneas sobre mi vida, que me ayudan a recordar lo que gané, pero también lo que perdí. Y ésta, es una de esas noches.

Recuerdo que de pequeño jugaba con Barbies. Las coleccionaba. Si bien me vestía como nena, generalmente mi atuendo eran jeans y zapatillas. Como toda nena, amaba el maquillaje y el esmalte de uñas. El rosa nunca fue mi color predilecto, y aunque emulaba a mamá con sus tacos altos, imitaba sin darme cuenta todos los movimientos de papá, esa manera tosca que tienen los varones de moverse, balanceando los brazos y dando zancadas raras.

“Caminá como una señorita y parate derecha”, era el latiguillo que usaba mi madre para tratar de corregirme. Y para dejarla conforme, mientras estaba con ella imitaba el caminar de las modelos. Ya sin su presencia, lo varonil volvía a apoderarse de mi cuerpo.

 

Primera publicación de Nico en Insangram, previa a su transformación
Primera publicación de Nico en Insangram, previa a su transformación

 

Mi paso por el secundario tuvo un sabor a angustia. Colegio religioso de señoritas, el atuendo era exactamente una molestia: pollera tableada y camisa. Para gimnasia teníamos que usar pollera-pantalón y remera. Ansiaba la llegada del invierno pues, en esa época estaba permitido usar pantalón largo y joggins. Y para peor, ya entrando en la adolescencia, natura comenzaba a jugarme una mala pasada con las hormonas. Los pechos crecían y las curvas comenzaban a acentuarse. ¿Qué me está pasando?, era la pregunta que taladraba mi cabeza casi todos los días. No encajaba en ningún grupo por ser diferente, así que el bullying ya formaba parte de mis días. No recuerdo las veces que volví llorando a casa.

Con todo eso dando vueltas por mi cabeza, era obvio los chicos nunca fueron importantes en mi vida. Tampoco era de salir mucho. Dedicaba mis días a estudiar inglés de manera autodidacta. Y cada día que pasaba, esa pregunta perforaba cada vez mi cabeza ¿Qué me está pasando?

 

Finalizado el secundario, con 20 años comenzó a medias mi vida sentimental. Me gustaba un chico, pero nada más que eso y, como nunca pasó nada, creo que fue el detonante que me llevó a definirme como asexual cerca de los 25. Me gustaban chicos y chicas, pero a la vez no me atraían sexualmente.

 

Así que mi vida transcurría entre libros y la fotografía; hacía algunas colaboraciones con la editorial Océano, a los que contacté a través de mi Instangram. Metido en lo que es “bookstagram” (books: libros tagram: instagram) conocí a la chica que iba a ser mi potencial pareja. No solo me rechazó, sino que me dolió que como excusa me ponga “vivimos muy lejos, y mi vieja piensa que me vas a terminar lastimando por eso”. Vale acotar que él (salió del closet como chico trans hace poco) vive en el sur y yo en el norte. Jugó mucho con mis emociones, así que cuando por fin me estaba abriendo al amor, éste me pegó bien fuerte y me cerré por completo. Ese torbellino de emociones apareció justo cuando en mi estaba naciendo Nicolás. Me dejó destrozado.

Para ese entonces yo ya estaba en ATTTA Corrientes. Dylan Elias Cardozo y yo, íbamos a los eventos, militábamos y luchábamos por los derechos LGBTi. Poco después se había creado un grupo de varones Trans en Corrientes. Y fue ahí donde conocí al chico que me enseñó que el amor sí existe, no solo en los libros sino en la vida real también.

Ián Agustín Nardelli entró al grupo de varones un día preguntando algo tan gracioso como desconcertante. “¿Qué tengo que hacer para ser un chico?”. Le comentamos en conjunto sus derechos y sus posibilidades, lo ayudamos a elegir su nombre y cuando mandó su foto mi corazón hizo ¡Bum!

 

Eterno enamorado de la lectura, rápidamente le busqué el parecido a uno de mis personajes favoritos. Le pedí a Dylan, coordinador de ATTTA en ese momento, que me deje orientarlo. Me parecía lindo y quería hablarle. Tener una excusa. Por supuesto que Dylan ya había intuido algo y me dio carta blanca en el asunto, emocionado por que al fin me había gustado alguien, cuando siempre contaba que yo era asexual.
Le hablé al privado, tenía novia. Nuevamente me puse triste. Pensé que el amor no era para mí. Pero luego de un mes hablando a diario, me confesó que sentía cosas por mí. Suena a cliché, pero dejó a su novia y hoy en día llevamos ya dos años y 8 meses juntos.

Con él comenzó mi transición. Fue parte de mi nacimiento como Nico.

 

El día en que Ián le pidió matrimonio a Nico.
El día en que Ián le pidió matrimonio a Nico.

 

Cuando a los 24 comencé a cuestionarme si realmente era una chica, veía muchos chicos trans hormonizados y operados. Me preguntaba cómo era. Me interesaba el tema. Pero no lo hablaba con nadie. Fue en 2017, cuando yo empecé a conocer el término “transexual / transgénero”. Un día, sacando fotos de mis libros para bookstagram, me saqué fotos, cosa que no lo hacía nunca porque no me quería ni me gustaba mi cuerpo. Me até el cabello largo y me quedó parecido como si lo tuviera realmente corto. Fue ese momento donde hice clic.

¡No era una chica! Era un chico en el cuerpo de una chica. Todo empezó a cobrar sentido. Al toque publiqué las fotos con la leyenda “¿y si fuera un chico?” explicando lo que sentía y recibí mucho amor y apoyo de parte de la comunidad lectora.

Mi hermana leyó la publicación y me dijo “¿por qué no me contaste antes?”. Ella fue la primera en llamarme Nico y me preparó una sorpresa. Con una amiga organizó un mini bautismo, que era una fiestita, para recibir el nacimiento de Nicolás. Eso me llenó el alma. A los meses, con mucho miedo y llorando, le comenté a mi mamá lo que sentía y lo tomó sorpresivamente bien. Le costó y tomó bastante tiempo acostumbrarse a llamarme Nico y hasta hoy en día me trata de chica. Pero me defiende a muerte y hasta fue a una Marcha del Orgullo portando un cartel que decía “con mis hijxs trans no te metas”.

 

Nico y su madre que lo apoya en su decisión.
Nico y su madre que lo apoya en su decisión.

 

Me enorgullece ella, porque a pesar de ser religiosa y reconocida por muchas personas, me ama y acepta como soy. Ella misma dice “si yo predico que tengo que amar a mi prójimo, ¿cómo no puedo amar y aceptar a mi hijo por lo que es?”

 

A finales del 2017 y comienzo del 2018 empezamos a salir con Ián y yo me hice el cambio de DNI. A mediados del 2018 empezamos juntos el tratamiento hormonal. Tiempo después vino la mastectomía. Pasó todo rápido, y con mucho esfuerzo. Idas y venidas al Chaco, Resistencia. Amanecer fuera del hospital en Corrientes para pedir los turnos. Muchos no. Muchos no serán muy probable. Pero se dio.

El Proceso de conversión. Hormonización y cirugía.
El Proceso de conversión. Hormonización y cirugía.

 

Hoy en día soy un orgulloso militante y Community Manager de ATTTA Corrientes. Lector, fotógrafo y chico trans. Puedo ser afeminado, pueden gustarme cosas que para otros son consideradas para “chicas”. Puedo detestar el deporte. Pero no por eso soy menos varón.

Sin darme cuenta, la noche de Corrientes se transformó en madrugada. Y yo, querida gente, volé a través de estos párrafos para contarles mi historia de vida. Atrás quedaron las tristezas y desilusiones. Ián, desde un sofá, me observa detenidamente con una sonrisa contagiosa. Sabe que estos párrafos encierran algunos recuerdos dolorosos en mi alma que solo él sabe curar. Y sé que lo hará.

 

 

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