Enamorarse no es sólo un proceso ideológico y romántico. Nuestro cerebro responde a las señales del amor alterando reacciones químicas. Y esto pasa cuando nos enamoramos, independientemente de quién. Así comienza su relato Leticia, o “letu” como la conocen desde hace mucho. Enfermera de profesión, dejó de lado el ambo que usaba en el Pediátrico para trabajar en el municipio de la ciudad de Resistencia, Chaco.


La del medio de 4 hermanos, cuenta que tuvo una linda infancia. “Por ser la primera hija mujer, era super malcriada por mis viejos y mis hermanos mayores”, cuenta letu mientras saca de un álbum, fotos de cuando no había ingresado siquiera al jardín.
“El secundario la pasé como todo adolescente, entre fiestas, salidas y pubs. Recuerdo haber tenido infinidad de amigos con los que compartíamos un montón de cosas. Era la época en que las hormonas comenzaban a tallar el cuerpo.
En esa época tuve un par de “novios” que, en retrospectiva, eran más amigos que otra cosa. Y es que nunca me sentí completa con los chicos con los que salía. Había algo que no me terminaba de cerrar. Por qué me atraía más una chica que un chico era una pregunta que me la hacía repetidas veces. Más tarde comprendí que en realidad reprimía mis verdaderos sentimientos por el miedo al “que van a decir”. Ser hija de padres con un pensamiento tradicional no es fácil.

 

La primera vez con una chica fue un montón de sentimientos encontrados. Venir con el chip de que era mujer y me tocaba estar con un hombre fue lo primero que me vino a la mente. La culpa, el qué dirán mis viejos, nada estaba alineado como para decir que fue hermoso.


Por fin terminamos el secundario, y pisando los 20 ingresé a la carrera de enfermería. Nuevas caras, nuevas formas de vida, nuevos paradigmas.

La facu tiene esa cosa mágica de que te permite conocer gente que vive en mundo paralelo al tuyo. Y fue ahí donde llegó el primer amor. Sin buscarlo, sin pensarlo, sin sentirlo. Solamente llegó. Ella era hermosa, y tenía todo lo que nunca encontré en mis relaciones con los chicos del secundario. ¿Si fue lindo? No. La primera vez con una chica fue un montón de sentimientos encontrados. Venir con el chip de que era mujer y me tocaba estar con un hombre fue lo primero que me vino a la mente. La culpa, el qué dirán mis viejos, nada estaba alineado como para decir que fue hermoso.
Pero los días transcurrieron, la relación se fue afianzando y el sol no se podía tapar con la mano. Así que había llegado el momento de “salir del clóset”.
Lo más difícil fue el diálogo con mamá. No lo aceptó. Venía con el chip de sus padres: las mujeres se enamoran de un príncipe azul, no de una princesa. Papá apoyaba a su pareja, mi mamá, como un fiel ladero, pero a la distancia, como si el problema lo tuviéramos que solucionar entre mujeres.
Y fue así, que lo que tenía que ser algo lindo y hermoso para compartir, terminó siendo algo que me separó mucho tiempo de ellos. Me había enamorado, pero mal. No de la persona equivocada, sino del ser equivocado. No importaba que me pareja sea buena o mala, era mujer. Las palabras de mamá fueron más filosas que una navaja: “No sos mi hija”.


Días después me fui de casa, con el pulgar hacia abajo de mis padres pero con el amor incondicional de mi pareja, que supo contenerme en los días más tristes que me tocaron vivir, con las palabras más simples que podía escuchar: hay que darles tiempo.


Y el tiempo fue pasando. Pasó y pasó hasta que algo marcó el destino de mi familia: el fallecimiento de uno de mis hermanos. Yo perdí a uno de mis hermanos y mis padres a uno de sus hijos, o a dos, si es que no lograba recomponer mi relación con ellos.


Fue entonces que decidí sentarme con ellos, tranquilos, con el peso de un duelo que no esperábamos y hablamos. Hablamos durante mucho tiempo.


Mis padres tuvieron que entender que debían aceptarme como soy, entender que el amor no tiene sexo ni género. El amor nos elige, independientemente de que sea apropiado o no. Llega y se queda. Nos inunda de dicha y ternura. Es química. ¡Un poco de dopamina otro tanto de oxitocina y vasopresina y listo! Nos enamoramos.
Ya pasaron los años de tristeza. Hoy estoy super contenta por lo que me toca vivir. Comparto mis experiencias gracias a que se han visibilizado las cuestiones de las que antes no se hablaba o eran simples tabúes prohibidos, terreno donde nadie quería entrar o cuestionar.
Gracias a los feminismos, las disidencias, a las personas que nos apoyaron e hicieron que este camino de transición o proceso de aprender desde el dolor constante, a una futura aceptación y comprensión social, y que a través de estas historias reales y existentes desde muchos lugares distintos, nos brinden la posibilidad de sentirnos más acompañados como personas, generar empatía y comprender que todxs decidimos cómo ser y vivir nuestra existencia, empezando por respetar la otredad, lo diferente, erradicando la heteronorma, lo hegemónico y tradición religiosa que no nos identifica a todxs de la misma manera, dejar de reflejar viejos estigmas, comprender que todos y todas debemos luchar por vivir una vida donde no se nos discrimine, generar una consciencia colectiva abierta a lugares que incitan a la pregunta, pero sobre todo, el aprender a vivir sin miedo y siempre pero siempre apelando a la libertad.

 

 

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Comentarios   

0 #1 Victoria 04-08-2020 15:08
La verdad no sabía que tuviste que vivir un infierno para llegar al paraíso , siempre vi tu sonrisa espléndida con ganas de querer sin condiciones, tu empatía con todos me sorprendia las pocos veces que te veía ,el destino las adversidades, no nos hizo cruzarnos en el infierno o en tus peores pesadillas pero si cuando eras libre cuando tus ojos brillaban porque tú corazón estaba tranquilo que todo lo que hiciste, fue para lo único que vinimos a este mundo para amar ser felices y no lastimar a nadie . Te amo hermosa de la vida gracias por estar siempre .
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