Veintitres y cincuenta de un viernes en Resistencia. Daniel está a 10 minutos de dejar el turno de atención en el negocio familiar y lo espera en su casa Natasha, una sensual mujer que desparrama brillo y glamour. No es que Dani -como le dicen sus conocidos- tenga una cita romántica. Sucede que él es transformista desde hace 2 años. Y uno muy bueno, según comentan sus allegados.

Desde muy pequeñe crecí en un ambiente donde siempre había música, vivíamos mis padres y mi hermano junto con mi abuela Olga. Esta presencia femenina muy poderosa en la casa tenía sus reglas, y una de ellas era que esté siempre la radio prendida con alguna melodía sonando: cumbias, tangos, milongas, chamamé y música latinoamericana educaron mis oídos desde mis primeros años.